“Existe la creencia de que el PIB mundial está de algún modo limitado a 100 billones de dólares. La IA va a hacer que esos 100 billones se conviertan en 500 billones.” — Jensen Huang
La era de la empresa del billón de dólares: transformación de los mercados globales
A principios del siglo XX, los titulares financieros se asombraban ante la escala sin precedentes de US Steel, la primera empresa que alcanzó una valoración de 1.000 millones de dólares. En ese histórico momento de 1901, la suma era impensable: una cifra tan grande que los comentaristas de la época señalaban que era «algo que apenas se podía calcular». Ahora, poco más de un siglo después, el mundo financiero no solo ha calculado esos números, sino que ha normalizado cifras de varios órdenes de magnitud mayores.
Hoy en día, el listón para las valoraciones corporativas que inspiran asombro ha pasado de los miles de millones a los billones. Actualmente existen 11 empresas cotizadas en bolsa cuya capitalización de mercado supera el billón de dólares. La enorme brecha entre la vida humana y estas cifras puede ilustrarse de manera curiosa: Ganando un dólar por segundo, alguien tardaría hasta el año 33.168 en convertirse en billonario. Claramente, los inversores que esperan obtener beneficios de empresas del billón de dólares deben confiar en que la velocidad corporativa supere con creces la de unos simples segundos.
Justificando el sueño del billón de dólares: ¿pueden las empresas ponerse al día?
Surge un desafío clave para analistas e inversores: ¿Tienen sentido estas valoraciones históricas? Para responder a esto, expertos como el profesor de finanzas de la NYU Aswath Damodaran practican una especie de análisis inverso de flujo de caja descontado. Este enfoque estima los ingresos anuales que las empresas deben alcanzar en una fecha futura para justificar sus valoraciones actuales.
Las proyecciones más ambiciosas son para empresas como Tesla, que necesitaría generar al menos 2,2 billones de dólares en ingresos anuales para 2030. El propio Damodaran lo describe como «llevar al límite lo posible». En contraste, los objetivos de Nvidia parecen solo un poco menos desafiantes, con 590.000 millones de dólares anuales para el mismo año: una cifra que Damodaran califica de «posible y plausible», pero que sigue siendo un salto enorme respecto a las ganancias actuales de cualquier empresa.
Para poner esto en perspectiva, la antes poderosa US Steel, que asombró al mundo en 1901, valía en términos ajustados por inflación unos 46.000 millones de dólares. Actualmente, se informa que OpenAI intenta recaudar 100.000 millones de dólares en una sola ronda privada de capital—más del doble de la valoración ajustada por inflación de US Steel, pero en una sola ronda y sin reflejar el valor total de la compañía. SpaceX, por su parte, estaría recaudando fondos con una valoración de 800.000 millones, con la intención de alcanzar 1,5 billones tras su salida a bolsa. Incluso Anthropic, una corporación de beneficio público de inteligencia artificial, está acercándose a una valoración estimada de 300.000 millones para su IPO.
Unicornios, centicornios y más allá: evolución de las valoraciones de empresas privadas
Hace poco más de una década, en 2013, la comunidad tecnológica acuñó el término «unicornio» para describir una startup valorada en 1.000 millones de dólares, un logro raro y casi mágico en aquel entonces. Ese umbral pronto quedó anticuado. Hoy, asistimos al auge de los «centicornios», empresas privadas valoradas en 100.000 millones o más, que empujan los límites de lo posible en los mercados privados.
El ejemplo más extremo de esta audacia de mercado puede ser Thinking Machines, una startup de IA que recaudó 2.000 millones de dólares de inversores en una sola ronda semilla a principios de este año. Para ponerlo en contexto, eso se acerca al famoso hito de US Steel de 1901, aunque sin ajustar por la inflación. Esta escala de financiación en fase semilla es un testimonio de lo mucho que han avanzado los mercados—y de cuánto ha crecido el apetito por el riesgo financiero—en el último siglo.
¿Las empresas del billón de dólares justificarán su valoración?
Ante estas cifras asombrosas, surge una pregunta fundamental: ¿Alguna vez lograrán estas empresas generar colectivamente los billones de dólares en ingresos necesarios para justificar valuaciones tan elevadas? Medido en «dólares por segundo», el reto parece insuperable. Aun así, las recientes palabras de la dirección de ChatGPT resuenan en los oídos de los inversores: «Creo que hay una demanda casi infinita de inteligencia». Si el apetito del mercado por la innovación y el conocimiento es verdaderamente ilimitado, quizá también lo sea la demanda de acciones en este nuevo mundo.
La fábrica de unicornios de Estados Unidos: escala y competencia global
Al observar el sector tecnológico estadounidense, queda claro que el país lidera el mundo como fábrica de startups de alto valor. Estados Unidos alberga 712 empresas unicornio, valoradas colectivamente en unos extraordinarios 2,9 billones de dólares. En comparación, China—probablemente el competidor tecnológico más relevante a nivel mundial—solo tiene 157 unicornios. El ritmo de innovación no da señales de aminorar: 80 unicornios estadounidenses surgieron solo en 2025, lo que sugiere una aceleración de la actividad empresarial pese a la volatilidad de los mercados generales.
Regulación y multas: Europa aprovecha el poder de los gigantes tecnológicos de EE. UU.
Aunque Europa podría estar rezagada en la creación de grandes gigantes tecnológicos—solo 14 empresas fundadas en Europa en los últimos cincuenta años han superado los 10.000 millones de dólares en capitalización bursátil, frente a 241 en EE. UU.—sus gobiernos han encontrado otra fuente lucrativa de ingresos: las multas. En 2024, se informa que la UE obtuvo más ingresos sancionando a empresas tecnológicas estadounidenses que el conjunto de los beneficios de todas las empresas europeas de internet que cotizan en bolsa. Este enfoque regulatorio está modelando el equilibrio de poder en los mercados tecnológicos globales, con la innovación estadounidense aún dominante, pero condicionada por los importantes costes impuestos fuera de Estados Unidos.
La doble cara de la inteligencia artificial
Aunque los inversores destinan grandes sumas de dinero a la inteligencia artificial, abundan las dudas sobre los riesgos involucrados. Deuda asociada a gigantes tecnológicos consolidados como Oracle se negocia ya a niveles de bonos basura, lo que genera dudas sobre la solidez del capital que sostiene esta revolución. Al mismo tiempo, las preocupaciones empiezan a centrarse en el empleo más que en los precios. El desempleo en EE. UU. está aumentando y el crecimiento salarial se ralentiza—factores que podrían desplazar la preocupación económica de la inflación a la seguridad laboral en los próximos años.
El mercado laboral y el impacto de los aranceles
Análisis recientes revelan que la disrupción del mercado laboral no se distribuye equitativamente. Las pequeñas empresas—ya vulnerables a la competencia y a las presiones financieras—pierden empleos a mayor ritmo, en parte debido a los aranceles. Aunque nuevos estudios muestran que los aranceles reales de EE. UU. han sido solo la mitad de las cifras oficiales (debido a vacíos legales y retrasos en la aplicación), la mala noticia es que casi todos los costes de los aranceles se trasladan directamente al consumidor final a través de subidas de precios.
Este cóctel de desafíos económicos complica las perspectivas de los trabajadores. La productividad sube en EE. UU., pero los salarios horarios de los empleados no supervisores no siguen el ritmo, y la brecha continúa ampliándose, especialmente a medida que las cadenas de suministro globales y la automatización reconfiguran la realidad económica. Para los estadounidenses promedio, el sueño de compartir la riqueza generada por las empresas del billón de dólares parece cada vez más lejano.
Cruzando tendencias culturales y demográficas
Las tendencias sociales y culturales también apuntan a cambios más amplios que están configurando el entorno tanto para inversores como para trabajadores. Según informes recientes, la lectura por placer personal está disminuyendo entre los estadounidenses—una tendencia compensada solo por el porcentaje estable de adultos que leen a los niños. A esto se suma que el porcentaje de familias estadounidenses con hijos sigue cayendo, reflejando cambios demográficos que remodelarán el panorama de consumo en los próximos años.
Los hábitos de entretenimiento y aprendizaje de la próxima generación también están cambiando. Casi la mitad de los adolescentes estadounidenses afirman que «casi nunca» leen en su tiempo libre, frente a solo el 20 % en 1990. En medio del lamento por la desaparición de la cultura del libro, algunos defienden que plataformas como YouTube están llenando parte de ese vacío educativo de nuevas formas—lo que sugiere una transformación en la manera en que se adquieren conocimientos y habilidades.
Mercados globales y el atractivo de la tecnología estadounidense
Los cambios en los flujos financieros globales subrayan aún más el magnetismo del sector tecnológico de EE. UU. Las rentabilidades de los bonos gubernamentales japoneses han alcanzado el 2 % por primera vez desde 1999, lo que lógicamente debería llevar a los ahorradores japoneses a repatriar capital desde los mercados estadounidenses. Sin embargo, muchos siguen invirtiendo en acciones estadounidenses de IA, lo que pone de manifiesto el poderoso atractivo de la innovación norteamericana incluso con incentivos nacionales cambiantes.
Repensando el valor en una era de abundancia
Aunque los precios de los activos suben, desglosarlos en métricas granulares puede arrojar conclusiones sorprendentes. Por ejemplo, calculando el precio por libra, algunos han descubierto que un Tesla Model 3—ingeniado con materiales de última generación y tecnologías punteras—cuesta menos que una libra de queso de lujo como el Camembert. La comparación es lúdica pero ilustrativa: los avances en tecnología y escala están permitiendo productos de asombrosa sofisticación y utilidad a una fracción de lo que la lógica convencional sugeriría que deberían costar.
El camino a seguir
La pregunta persiste: ¿Podrán estas empresas extraordinarias de hoy—las que apuntan a transformar la inteligencia artificial, revolucionar el transporte o inaugurar nuevos modelos de beneficio social—llegar a generar los ingresos y beneficios que implican sus valoraciones actuales? Tal vez requiera una manera completamente nueva de pensar sobre la creación de valor, la abundancia y la escala sin precedentes de la empresa del siglo XXI.
Lo que sí está claro es que vivimos en una época en la que lo que antes era impensable—empresas de un billón de dólares, rondas de capital de 100.000 millones, y valoraciones de startups que superan el PIB de países pequeños—han pasado no solo a ser posibles, sino cada vez más habituales. Si la economía mundial puede seguir expandiéndose al mismo ritmo, y si la gente promedio acabará beneficiándose de esta revolución financiera, sigue siendo la gran incógnita de nuestra era.

